jueves, 15 de julio de 2010

Reclamo administrativo

(Tono de espera del otro lado del teléfono)

- Buenas tardes, mi nombre Pablo ¿con quién tengo el gusto de hablar?
- ¿Qué tal Pablo? Fernando es mi nombre y quiero hacerte un reclamo.
- Sí, dígame respecto a qué sería.
- Mirá, resulta que según lo que me informaron anteriormente, el 6 de enero tenía que recibir un pedido y todavía no he tenido noticias. ¡Y eso que la solicitud la hice antes de Navidad!
- Ajá, veo. ¿Qué medio utilizó para hacer el pedido?
- A través de carta certificada. Fui al correo.
- ¿A nombre de?
- Reyes S.A.
- ¿En qué consistía el pedido?
- Era una Playstation, un Ipad y una botella de Johnny Walker.
- ¿Tuvo alguna notificación en su domicilio? Porque de no encontrar al titular, suelen dejar igual el pedido en alguna parte específica del domicilio. Fíjese bien, porque quizá no visto donde lo han dejado.
- Sí, ya me fijé por todos lados. Usualmente de no encontrarme o estar dormido, normalmente pido que me lo dejen en los zapatos, pero ni novedades. ¡Y ya estamos en marzo!
- Mire, lamentablemente est...
- Ni una notificación, ni una llamada para avisar. ¡NADA! Soy un hombre muy ocupado y no puedo estar todo el día pendiente de que entreguen o no el pedido. No es justo. Mirá, flaco, si no tienen stock o no lo me quieren traer, decímelo. A esta altura lo único que quiero es una respuesta clara y que no me sigan jodiendo la vida.
- Mire, lamentablemente no hay mucho que se pueda hacer en este tipo de casos.
- ¡¿Cómo que no?! Escuchame bien pibe, yo hace años...AÑOS que vengo trabajando con ellos y nunca me pasó una cosa así. Es muy poco profesional que ahora me digas que no se puede hacer nada. Estamos hablando de casi tres meses de espera. Si querés te doy los números de reclamo que vengo juntando. Cada tres días llamo. Y todos me dicen que espere 72 horas, que ya lo reclaman y que debe ser un problema de logística. ¡Pero ya me cansé! ¡Toda la vida he trabajado con ellos!
- Señor, le voy a pedir que se calme...
- ¡¿Que me calme?! Quiero hablar con tu supervisor. Yo me porté bien todo el año, así que mi parte del trato está cumplida. Lo único que pido es que ahora cumplan ustedes. ¡Dame ya con tu supervisor o con el gerente YA!
- Me temo que eso no es posible, señor.
- ¿Cómo que no es posible? ¿De que me estás hablando, pibe?
- Creo que sabe de qué estoy hablando...
- ...
- Por desgracia me veo en la posición de tener que informarle que el pedido que realizó no va a poder ser entregado. Nunca.
- Pero no entiendo...¡este año me porté bien! Hice todo lo que tenía que hacer. Hice el pedido a tiempo. Y hasta el año pasado no había tenido problemas con el sector de entregas.
- Señor Fernando, le voy a pedir que por favor me aguarde un momento en línea, así vemos cómo podemos aclarar esta situación, ¿de acuerdo?
- Bueno, está bien. ¡Pero no me vayas a cortar...!

(Comienza a escucharse una versión MIDI de "Fell in love with an Alien" de Kelly Family y luego de dos minutos es retomado)

- Señor, muchas gracias por aguardar. Le hago una consulta, ¿Hace cuánto que vive con su esposa?
- Aproximadamente un año.
- ¿Y antes usted vivió solo?
- No, mi mamá nunca me dejó. Me decía que yo tenía que vivir en casa hasta el día que me casara.
- Ya veo...
- Pero, te juro que esto no me había pasado nunca. Y encima las veces anteriores que llamé me tomaron el reclamo y me dijieron que no me preocupe, que me iban a solucionar el problema...
- Le voy a ser muy franco, Fernando. El motivo por el que usted no va a recibir el pedido, es el mismo por el que no le puedo pasar con el gerente, ¿me comprende?
- No...
- Le hago una pregunta. ¿A qué persona jurídica hizo el pedido usted?
- A Reyes S.A.
- ¿Y sabe usted los nombres de quienes componen esas sociedad anónima?
- Sí, Melchor Gaspar y Baltazar.
- Bien, ¿sabe usted los apellidos?
- No...
- Ajá. O sea que usted me está diciendo que hace - ¿cuántos años tiene usted?
- Treinta y dos.
- Usted me está diciendo que hace treinta y dos años viene trabajando con tres señores cuyo apellido desconoce.
- ¿Qué me estás queriendo decir?
- ¿Quién llevaba sus cartas al correo?
- Mi padre.
- ¡Bien! ¡A eso quería llegar! ¿Acaso no lo ve?
- No te entiendo.
- Disculpe que se lo diga tan abruptamente, pero a quienes usted hacía los pedidos siempre han sido sus padres.
- ¿O sea que los Reyes son mis padres?
- Me temo que sí.
- ¿Estás seguro?
- Sí, señor.
- No me estarás diciendo esto nada más para no tener que tomarme el reclamo...
- No.
- ¿Pero no hay nada que se pueda hacer al respecto? ¿No puedo hablar con alguien para que me solucione este problema?
- ¿Qué problema exactamente?
- ¡Y esta ridiculez de que los reyes son mis padres!
- No, es algo con lo que todos los habitantes de occidente tenemos que convivir, señor.
- ¡Entonces pasame YA con mi padre pare hacerle un reclamo!

jueves, 25 de marzo de 2010

Oiga

A usted le hablo estimado ser humano que todavía tenga esperanzas de que yo vuelva a escribir en este lugar, sepa que mi cerebro se encuentra de vacaciones por tiempo indefinido y no puede producir nada de más de 140 caractéres. De modo que me mudé a twitter. http://twitter.com/bestiaescreebe

domingo, 14 de junio de 2009

Menos Mal

He notado que, afortunadamente, hace tiempo las empresas (o sus publicistas, en tal caso) han dejado de contratar a esta persona para que me diga qué celular, yogurt, jabón en polvo, shampoo, diario, tarjeta de crédito, chicles, cuerdas de arpa, zapatillas para correr, jarabe para la tos, tapizado para sillones, comida para mascotas, pegamento para prótesis dental, corbatas para usar en casamientos, lentes de contacto descartables, dvds grabables, picaportes, decodificadores truchos, lentes de cámara fotogáfica, anzuelos para pesca, focos de 60 watts, rollos de cocina, detergente, líquido de frenos, desodorante de ambiente, tinta de impresora, tejas francesas, herramientas de carpintería, autos usados con GNC, medicamentos baratos de venta libre, masa para empanadas, ganchitos de corpiños, lápices para dibujar, juguetes para menores de 4 años, alarmas domiciliarias, casa de electrodomésticos, cremas para el cuerpo y bebida finamente gasificada tengo que comprar.
A quien sea que se le haya ocurrido sacarla del mundo publicitario, mi mayor agradecimiento.

jueves, 26 de marzo de 2009

It's all over

Como lo sería en un manual de la evolución del enamoramiento adolescente o un artículo de la revista Eres, en la diada "departamento-habitante" también es perfectamente aplicable la frase "a partir del tercer mes termina el encantamiento y los malos entendidos e imperfecciones del otro comienzan asomar a la superficie".
Para empezar, por un problema en la cocina casi muero inhalando gas. Fue una mañana en la que estuve medio zombie desde que me desperté y en la que duré poco en ese estado, porque después de desayunar, me tiré con la pc en la cama y me quedé dormido mirando un diario. Después del mediodía, afortunadamente, me despierta un sms de mi novia que estaba por venir para eventualmente descubrir un espantoso olor a gas que se sentía hasta en el pasillo. Por suerte no se me ocurrió fumar, si no hubiese sido algo lamentable. Quien tuvo la culpa de mi casi accidental suicidio fue la cocina, cuyo horno estuvo perdiendo gas, sepa dios cómo. Por suerte no hubo que lamentar una muerte pelotuda por asfixia o incendio, pero sí habrá que lamentar la factura.
Días más tarde, a eso de las 2 de la mañana hay un corte de luz. Miro por las ventanas si había otros departamentos afectados, pero desgraciadamente no lo pude verificar porque acá no hay mucha vida. Luego de salir al pasillo, compruebo que en efecto soy el único afectado. Puteo mucho e inmediatamente decido llamar al 0800, porque en la cajita que dice ON/OFF está todo en orden. Después de apretar un par de opciones me atiende un flaco con voz de "debo ser el único pelotudo hablando por teléfono a esta hora" que no hizo otra cosa que confundirme más. Me dijo cosas como "fusiblera", "caja maestra", "empalmes", "quizá está en corto" y "la guardia de reparaciones no se mete a esta hora en edificios". Lo último sí lo entendí.
Por último y para cubrir casi todos los servicios por los que pago, hace 24 horas que no tengo agua caliente. Además tengo fiebre, estoy en cama y por pagar por este lugar de mierda, no pude ir a ver a Radiohead.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Crónica de un niño solo

Querido diario:

Por esas cosas inexplicables y deseadas del universo, finalmente hace casi un mes he dejado el hogar familiar, abrí mis alas y me fui a un departamentito en pleno quilombo de bondis, gente y autos con escapes Need for Speed Underground.

Eso habría escrito en mi diario en caso de que hubiera tenido uno, pero como no lo tengo, lo que sigue es lo que tengo para decir al respecto.

Cosas que no había tenido en cuenta de vivir solo:
1. No tener tele o internet hacen que uno odie haber nacido en la época del pay per view y youtube.

2. Donde carajo se compra algo tan simple como un peine?

3. Es moralmente demoledor, pero si uno quiere comer, tiene que:
a. llenar la heladera
b. saber qué y cómo hacer lo quiere ingerir
c. no comprar pelotudeces en el super
4. El baño no se limpia solo.
5. La ropa tampoco.

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Una reflexión que cayó sobre mi impávido cerebro y me desvirgó de mi sueño de casa de Barbie:
Uno puede tener todo, los platos lindos bien lavados con Magistral Evolution, la mesa limpia y cuatro modestas pero cómodas sillas, la cama tendida y aromatizada con poet, tele y dvd, internet, los vasos que siempre quisiste rechinando de limpios, el aire acondicionado en 21 grados (porque convengamos que, y con el perdón de greenpeace, en 24 sigue haciendo calor), cada rincón desinfectado con procenex y lysoform y heladera con freezer llena de porrón, fernet y medicamentos para el dolor de espalda...pero es el día que llegás y ves dos cucarachas moviendo sus antenas sobre la cocina, que tu mundo se derrumba como un títere cuyo titiritero fue víctima de un paro cardíaco en plena función.
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Cosas buenas de estar solo: uno maneja sus tiempos como le viene la gana.
Cosas malas de estar solo: uno maneja sus tiempo como le viene la gana.
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Estoy cansado y no tengo muchas ganas de escribir, pero como es mi primer día con mi conexión (porque yo a los cibers no voy, es como ir a una puta...está todo sucio, raro, con tierra y olores indescriptibles) casera, es que hice este post como recordarle al mundo que este blog sigue con vida.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Floreal Mario

La vida de este artista fue muy breve, y aún así, muy intensa. Para citar un ejemplo a los 19 años ya había pasado por su segundo matrimonio, por cuatro oficios fallidos, por su primer intento de rehabilitación y había sido echado de varias provincias por diversos motivos, ninguno de los cuales narrable en menos de cuatro páginas.
Floreal, al igual que su reloj pulsera, fue un adelantado a su tiempo; no sólo por llegar temprano a todo lugar al que se le citara (dada la condición de su reloj), sino también por ser, entre otras cosas, el inventor de lo que muchas décadas después de su muerte se dio en llamar fotolog. Floreal Mario solía colgar sobre las rejas de su casa un afiche con una foto que él mismo revelaba en su pieza acompañada de un texto de su composición, donde también dejaba un espacio abajo (junto con un lapiz atado) para que sus amigos, vecinos y novias pudieran dejarle sus comentarios, saludos e informarle de actividades o pedirle favores.
Mario nació a una muy tierna edad -como era la costumbre por aquel entonces- durante el transcurso de algún día del año 1937, en algún lugar todavía no establecido de la provincia argentina de San Juan. De chico nunca le gustó estar donde fuere que su paradero estuviera en ese momento, de modo que su vida fue una mudanza constante y voluntaria. Floreal vivió, según se tiene registro, en Neuquén, Buenos Aires, Mendoza y El Chaco (Argentina), en Porto Velho (Brasil), en Yopal y Arauca (Colombia), en Bath y Stratford Upon Avon (Inglaterra) y después de ahí dio muchas vueltas por Europa continental hasta que la muerte le sobrevino a los 31 años, en forma incierta y en un lugar que escapa a las certezas que maneja este narrador.
Floreal Mario fue, además de un infatigable viajero, un gran poeta (o al menos eso es lo que dice la copia del diario personal de Mario que ha llegado a nuestras manos, y si no lo fue, al menos lo intentó) y una injusticia en la cual esta pequeña biografía no caerá, es en pasar por alto parte de la obra de Floreal. Más precisamente lo que a continuación será mostrado corresponde a la etapa en la que Floreal vivió en Pampa del Infierno, donde compartió amoríos con la célebre cantante de cowpunk Peggy Jo Mario, entre otras.

No, gracias (Fragmento)

No estoy para besarte
Ni para decirte cosas al oído
No estoy para mirarte
Ni para recitarte un verso sentido

Porque soy una ausencia
Y porque en mí no existe la paciencia

No me pidas que me ría de tus chistes
O que sea lo que en tu mente viste
Porque hay muchas cosas que ser no puedo
Y otras tantas que simplemente no quiero

sábado, 1 de noviembre de 2008

Vemberless

No time
No light
No reason
No chance
No way
No luck
No place
No colour
No frame
No sound
No heat
No question
No vember

domingo, 13 de julio de 2008

Fotos (cuento)

Dormir me está pareciendo un privilegio al que me cuesta mucho acceder. También el pensar claramente y hacer comentarios que vengan a colación de algo. Será que tengo marcas por todos lados, como las hojas de diario que se ponen en el piso para no mancharlo cuando nos toca pintar una pieza. O simplemente será que ya tengo la mente cansada de gastar las mismas oraciones. Sigo revolviendo un puré agrio con una cuchara que me sigue astillando la mano. La odio. Sé y todo el mundo lo sabe, que hace poco más de un año la espalda de mi marido se fue golpeando la puerta y sacándome a mi hija de entre las piernas. Sé que ahora ella es la que la lleva todas las mañanas a la escuela, le dice que la quiere mucho, le deja algunas monedas para el recreo y promete esperarla hasta el horario de salida. Sí, sé, sé, y sé. Encima sigo diciendo mi marido. Mierda. Van a ser tres años. Mierda.

Y nada se detiene por un momento, ni mi madre, ni la trabajadora social, ni el 19 que pasa lleno cuando lo tomo. Nada me deja en paz, ni me espera. Ayer se me ocurrió ir ver a mi hija a la salida, tuve que haber sido completamente de hierro para haberme parado frente a ella y no haberme descascarado como el techo del living. Le dije simplemente hola, linda y sus ojos me devolvieron una extrañeza que no puedo digerir sin que quiera vomitar todo el arroz que hace semanas no dejo de comer. Me sonrió sólo los niños saben sonreirle a un completo extraño y se me escapó otra vez a abrazar a su mami. Porque el puto juez dirá lo que quiera, pero la madre soy yo. No me atreví a mirar su mami, ni a su tallier moca de la colección otoño-invierno de algún diseñador grotescamente afeminado. Me desafió con un saludo, pero mi cuerpo atinó dar una media vuelta y huir sin dejar de mirar baldosas.

Gatos no, mamá, le dije. Tampoco hay que resignarse a ser un estereotipo. ¿Un qué? Preguntó antes de seguir su rezo de cuidarme un poco más y tomar más en serio mi nuevo trabajo, agradecer al bueno de Octavio que me consiguió el trabajo, porque con eso de la custodia, etc. y más etc. Atiendo teléfonos en una remisería, ma. No soy asistente de la Conchuda Reina Elizabeth. Y agitando los brazos y tirando pan al piso, gritó algo que no recuerdo, pero que seguramente me ha dicho millones de veces.
Remisería Más Cerca, buenos días...¿A qué dirección? Ajá…? En cinco minutos va para allá. Hasta luego.

Miro fotos. Casamiento. Luna de miel. Embarazo. ¿Quiénes son los de esas fotos? Es conmovedoramente atroz cómo una misma cara puede ser tan irreconocible. La de los dos. Me imagino que así debe ser la sinceridad, tan transparente, imposible de disimular por cualquier cámara. Esos ojos luminosos…no puedo ser yo. Es terrible, casi tanto como atacar a la amante de mi esposo con un tenedor; o tan terrible como que me hayan quitado la tenencia de mi hija por haberlo hecho. En fin. Todavía no puedo entender cómo pudo llegar al punto de mirarme a los ojos sabiendo que las camisas que yo le planchaba eran las mismas que ella le desprendía con avidez y con aire de depredador satisfecho.

De un momento a otro todo se volvió ajeno, desconocido. Hasta su manera de sugerir que no le gustaba la comida que había preparado, el movimiento de sus manos al conversar, dormía intranquilo. Llegué a preocuparme en serio, como él me dijo “encima siempre fuiste tan buena…”. A veces pienso que debería haberlo matado. Pero soy taaaan buena que pensé en mi hija. Aunque ahora no deje de hacerlo, y entre lágrimas muy amargas, porque sé que ahora su mami es una puta para la que alguna vez trabajé.

******

Me quedé dormida entre las fotos. Mi madre movió ligeramente mi hombro logrando despertarme y, mientras trataba de arrancar un sueño espantoso de mi frente, ella me retaba por como había arrugado mi ropa. Aquel sueño seguía apareciendo delante de mis ojos como un comercial que se repite mientras paso por todos los canales. Mi hija probándose mi vestido de novia lleno de barro, luego mucha gente tirando del vestido. Había pájaros. No pude pensar otra cosa durante toda la mañana, Octavio debió pensar que lo estaba evitando o algo. Todas esas imágenes me sorprendían detrás de cada gesto, de cada pensamiento. Era un fragor amarillento que me apretaba las costillas. Estuve una hora encerrada en el baño mirando la juntura de los azulejos. Respiraba intranquila y con la garganta vuelta un puño. Mi sonrisa enmarcada cortando la torta y de repente tocan la puerta. La voz de Octavio me preguntaba si estaba bien porque, aparte de haberme encerrado en el baño hacía más de una hora, había anotado mal las llamadas y algunas ni siquiera eso. Me pidió que saliera, que tomara un café y que fuera a descansar, que me daba el día libre. Dejé que el agua rebalsara del vaso y me mojara la mano. Cerré la canilla. Tragué cuatro sin mayor esfuerzo. Ansiolítico y miorrelajante del sistema nervioso central. No consumir con alcohol. Mantenga fuera del alcance de los niños. Prendí el televisor y me dejé envolver por el sillón, los ojos me ardían por el resplandor de la pantalla, pero una sensación de agua tibia subía por mis pies y mi cabeza se encogía muy lentamente.Un halo azul se desvanecía en el último bostezo que recuerdo.

******

Tono de espera del otro lado de la línea y la respiración nerviosa y entrecortada de Sergio. Se levanta el teléfono.
- Y...¿le preguntaste?
- Sí...le pregunté para cuánto tenía en la oficina y me dijo que hasta después de las ocho no sale. - Bueno, está bien. Vení...Pará ¿dónde estás?
- Estoy a diez minutos de tu casa.
- Bueno...Bueno...Vení. –dijo Sergio, con una voz que parecía salir desde su espalda.
-¿Qué te pasa? No me digas que ahora te da culpa...
- No, no es eso...es que ¿te perece en el departamento?
- Si querés lo dejamos para otro día.
- Nonono. Venite...soy un boludo, disculpáme.
- Está bien –silencio largo-...¿te parece en el departamento? Porque a mi la idea me está empezando a hacer un poco de ruido.
- ¡Pero sí, nena! – aseguró Sergio con voz fuerte- No te querrás echar para atrás vos, ¿no?
- Y...- silencio y sólo la televisión de fondo- un poco sí.
- Dale...¿sí o no?
- Bueno, nos vemos allá.-dijo Mercedes dándose por vencida- Chau.
- Sí, chau...

******

Octavio siempre usa la misma camisa a cuadros azules. Arremangada. Tiene ojos grandes y buenas intenciones, según mi madre. Ríe inseguro y tímido, buscando aprobación con su mirada al final de cada frase. Lo invité a tomar algo a modo de disculpas por el incidente de la otra vez. Él dijo que no había problema, mientras sorbía su café. Me dijo que a todo el mundo le pasan esas cosas y demás frases que suele decir la gente en una situación así. Lo noté un poco nervioso, parecía una ardilla. Le agradecí por su comprensión mientras miraba fijamente el mantel y él, también mirando el mantel, me dijo que iba a estar siempre que lo necesite. Lo dice todo el mundo esas situaciones, pero le creí.

En realidad no le importaba nada, ni que tuviera ojos grandes, ni que su madre le haya otorgado el visto bueno. Terminaron la charla de forma simplemente correcta, se desearon suerte y si-dios-quiere se verían la mañana siguiente en el trabajo. Chau, cuidate.

- Mamá....! Te dije mil veces que no dejaras el agua caliente mal cerrada, ahora no me voy a poder bañar...
- Ay, perdonáme....es que no me di cuenta....Igual te bañaste anoche. No pasa nada si por un día no te bañás.
- Sí, sí que pasa. ¿O qué pasaría si me olvido de poner la video para grabarte la novela? - Te mato.
- Bueno...justamente.
- Ah! ¡¿Pero qué te parece?! ¡Atrevida! Así no se le habla a la madre...Malagradecida....
- Sí, sí...
- Yo que siempre, mirá, desde antes que fueras a la escuela. Siempre. De punta en blanco. Toda una señorita, ¿y así me venís ahora?
- Ma...bueno....
- Mirá si serás maleducada. No te pego no más porque soy tu madre, y vos me aparecés con que me querés matar...¡Pero qué bonito! Cría cuervos...querida.
- ¿Vino el tipo del cable?
- Sí. Le dije que no estabas, que volviera mañana.
- Bueno...¿preparaste cena o lo del mediodía? - Lo del mediodía.


******

Cuatro de la mañana. Insomnio repentino y poca voluntad para hacer el intento de dormirse otra vez. Su almohada ya no era su almohada, era una esponja que su cabeza no tenía ganas de seguir soportando. Intentó salirse del gusto a sueño indigesto, de la creciente sensación de asco y de la asfixia que brotaban desde sus sábanas, como vecinos molestos que ponen música a mucho volumen. Fue hacia la heladera y tomó agua con sabor lavandina fría, pensó en salir al patio pero descartó la idea al pensar que podría resfriarse si salía así nomás. Se sentó en un sillón a mirar cómo la noche, tan púrpura esa vez, se dispersaba por todo el living y la ventana parecía contener todo el cielo sostenido por las cortinas de tul color crema. Esas fueron regalo de su amiga del otro barrio donde creció. Con ella hacía años que hablaba, pero de vez en cuando, entre hojas de ruta y planillas de excel, le vuelve, como un aroma encapsulado en el bolsillo de una campera vieja, algún recuerdo de esa infancia llena picadas de mosquito y de vestidos que le regalaba su madrina. El sueño sigue sin venir. Amenaza –sólo de ratos- algún bostezo aplastado en su garganta, pero nada que se le parezca a querer volver a su cama. Ruido de avispas. Los ojos de su marido rojos de odio y una lluvia de retazos de tela. Juntos, con lentes oscuros sonriendo en la luna de miel en Miramar. Baldosas rotas y luces azules que nublan su vista. Una voz lejana le repite algo hasta que siente sus manos hirviendo contra el colchón. Acepto. La mañana parece nacer desde los muebles. Ante sus ojos impávidos, todo se llena de una claridad nauseabunda, simplemente porque desde hace mucho tiempo todo le es nauseabundo. Mientras se levanta piensa que, después de todo, se quedó dormida en el sillón. Escucha a su madre arrastrando las pantuflas por la cocina y se apura para entrar al baño antes que ella y, finalmente, poder bañarse.

******

Entonces Sergio largó el teléfono sobre la mesa y recordó que había quedado de encontrarse un tal Dr. Ramos. Se agarró la cabeza con las dos manos, tomó aire tomó otra vez el teléfono. Llamó otra vez a Mercedes y le dijo que subiera y lo esperara, porque justo se acordó que tenía que hacer algo urgente. No se iba tardar más de veinte minutos, le dijo. Que lo esperara en el departamento. Bueno, dijo ella. Su esposa, en la oficina.
Ya eran las seis y media. Esa era mi señal para volver a casa y encontrarlos a los dos ¿Por qué con mi jefa? ¿Tan hijo de puta se puede ser? Me sorprendió no encontrar a nadie, pero era evidente que Sergio había estado ahí antes. Ni siquiera el aire era el mismo adentro, las sillas estaban corridas de lugar y la luz de la cocina prendida. Fui hasta la heladera y arriba había un tenedor con olor a pera. Ese fue Sergio, pensé. Guardé el tenedor en el bolsillo y me senté en el living. Hubo un ruido de llaves y se abrió la puerta.

- ¿Qué hacés acá? ¿No estabas en la oficina? -Me dijo Mercedes, escondiendo apenas el sobresalto en su garganta.
- Hola – le dije.




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Dedicado a quién no podría importarle menos, aunque lo intentara.

martes, 10 de junio de 2008

Astrologando

Es sumamente necesario, completamente vital y absolutamente menester que todos los diarios y revistas que publican horóscopos se dejen de decirme lo maravilloso, inteligente, analítico, artístico, pragmático, genial, sensible y perceptivo que soy, y que ya no me digan para qué es ideal el día o la semana.
Realmente, no me sirve de nada ser halagado por un pedazo de papel que un par de centímetros más abajo me va a hacer sentir un idiota con el crucigrama y mucho menos me sirven los cumplidos de un tipo que le confía mi destino a un grupo de animales de granja. Ya es momento de que el horóscopo me diga cosas que no sé. Qué no hacer ese día, en qué no gastar plata porque sino me voy a arrepentir, a quién no hacerle caso, qué película no ir a ver al cine y qué comentarios dejar de hacer en público.
Porque la última vez que me leí que iba a ser un excelente día para tomar decisiones terminé comprando una remera verde manzana, un cd de Sheryl Crow y de novio con una piba que le hablaba a sus plantas.

domingo, 25 de mayo de 2008

The Letter

Por Stephen Fry

jueves, 15 de mayo de 2008

Quince del Cinco

No entiendo cuál es la gracia, qué es lo que tiene de único o notable ese día en particular, a quién se le ocurrió que era una buena idea festejarlo y ni por qué es un evento tan importante cumplir años.
De todas las cosas que uno puede hacer en 365 días que tiene un año, a tus amigos, tu familia, tus conocidos, tus compañeros de trabajo, tu tarjeta de crédito, Amazon y cualquiera que esté al tanto de tu fecha de nacimiento, por alguna razón le parece importante celebrar el hecho de que hayan pasado doce meses más del día en que naciste. O sea, lo único que a las personas que te rodean les parece importante remarcar de un periodo de 8760 horas de tu vida, es que no te hayas muerto.
Que hayas ganado un Nobel, que hayas hecho el trayecto Tartagal-Barrio Norte en moto en 4 horas o que hayas renunciado a tu trabajo diciéndole a tu jefe que es un ser inútil desprovisto de carácter y un filántropo tan extremo de personas de su mismo género que resulta admirable su capacidad de fruición de la parte terminal aparato urinario tal genero -pero en menos palabras y mucho mas coloquiales, por cierto- nos parece magnífico, no creas que no, pero que hayas logrado mantenerte con vida por 525.600 minutos más ...eso es algo para celebrar!
Igual, eso no me perturba tanto como el hecho de tener que abrazar y besar a tanta gente en un solo día y sonreír por un logro que no me enorgullece para nada. Sin embargo, debo confesar que me resulta muy curioso recibir regalos ese día. Sobre todo porque los regalos demuestran que concepción tiene la gente de uno.
Si bien ese es un tipo información que siempre preferiría ignorar, los regalos son la forma menos violenta de saberlo, aunque no menos decepcionante que cualquier otra disponible. Dudo que alguien pueda sostener el entusiasmo al recibir un par de medias de vestir marrón claro, un libro de Bucay, un dvd de Hannah Montana, una camisa hawaiana o un Greatest Hits de Nacha Guevara (si es que existe una monstruosidad de ese calibre) porque el regalador pensó que era justo lo que vos estabas necesitando o queriendo. Esa, sin dudas es una de las crueldades de las reglas de etiqueta, porque tener que agradecer un insulto tan mayúsculo requiere como mínimo de una actuación merecedora de un premio Clarín.
En definitiva, hoy hace cada vez más tiempo que he nacido y todo un récord de que me he logrado mantener con vida. O sea que, de alguna u otra forma no me he puesto en ningún tipo de situación que haya puesto en peligro mi vida, ni he ingerido dosis mortales de nada (evidentemente) ni tampoco he despertado tanto odio en nadie como para que decida eliminarme de este planeta, aunque no me siento ni más sabio, ni con más experiencia y ni siquiera con más anécdotas. Pero, según lo que dicen, tengo que estar muy feliz de que así sea.

jueves, 1 de mayo de 2008

Fútbol

Siempre me intrigó comprender qué es lo que siempre atrajo a los hombres a mirar este deporte durante mucho más tiempo que el que incluso pueden pasar mirando porno. Y estoy complemente seguro que es así, yo creo que si antes de morir Google pudiera hacer un resumen estadístico de todo lo que un ser humano vio hasta el momento previo al fallecimiento, en el hombre promedio, el porcentaje de fútbol visto sería bastante más elevado que el de porno.
Todo tiene su origen en que de chicos todos -casi sin excepción, incluso quienes luego detestaron los deportes- hemos jugado con una pelota, ya sea porque nos la regalaron, o porque otro pibe tenía y nos invitaba a jugar o porque en el jardín siempre algún juego involucraba una pelota. Estos encuentros con tal objeto, sin lugar a dudas tuvieron efecto en nuestras mentes y el simple hecho de ver que alguien pueda manipular correctamente uno de los primeros juguetes que tuvimos en frente y hacer cosas que nunca nos salieron u otras que ni siquiera pensábamos que se podían hacer, definitivamente nos maravilla. Entonces en algún punto dijimos "esto lo tiene que ver más gente!" e hicimos lugares para que varios de esos tipos hábiles se junten a mostrarnos cómo juegan.
El éxtasis de ese momento fue tan grande que les propusimos pagarles para que lo hicieran la siguiente semana. Ahí nos dimos cuenta que había gente en otros lados que seguramente estaría muy interesada en ver una cosa así, entonces llevamos cámaras y gente para que comentara al respecto de todo lo que estaba pasando, por si alguien se perdía alguna parte por mirar hacia otro lado.
Lo anterior mencionado no fue absoluto algo menor ya que, en ese momento, la admiración del futbolista paso a un segundo estadio: no solamente nos parece genial alguien jugando con una pelota junto a otros tipos, sino que ahora nos vuela la cabeza que este tipo pague el alquiler y llene el carrito del super por patear un juguete.
Y esto resume completamente la fantasía masculina de trabajo ideal: su oficina es un campo gigante con pasto siempre bien cortado y verde. Además trabaja una hora y media por semana, su uniforme para ir a laburar es algo con lo que a los 6 cualquiera hubiera salido a boludear por la tarde a la plaza (pantalón corto, remera de varios colores y unas zapatillas re locas, ideales para patear ese círculo que te regaló tu viejo) y lo único que tiene como objetivo laboral es meter la pelota la mayor cantidad de veces en el arco de los tipos que no son compañeros de su grupo de trabajo.
Así todo tiene sentido, pero lo que yo no puedo explicarme para nada es que los oficinistas se junten a jugar a la pelota una vez por semana y pretender jugar un partido en una cancha. Eso, si uno se pone a analizar, es como si los futbolistas se juntaran los lunes a las 8 y media con portafolios, camisa y corbata para pasarse toda la mañana frente a una computadora vendiendo polizas de seguros, haciendo informes, atendiendo clientes en un call center u ofreciendo préstamos y cuentas bancarias sólo por diversión.